Progreso...¿A qué costo? (Opinión 6Com)
Hoy vamos hablarles de algo que nos toca de cerca como ciudadanos, como habitantes de esta ciudad que amamos, pero que a veces parece que no nos pertenece del todo. Hablamos de esas historias que se escriben y se borran con la misma facilidad, de esos pedazos de nuestro pasado que desaparecen para dar paso a un futuro diferente.
Un 24 de septiembre de 2020, fuimos testigos, con mucho
dolor, de cómo una estructura histórica, que guardaba tantas anécdotas, tantas
vidas, tantos recuerdos nuestros, fue derrumbado. No fue un accidente, no fue
el paso implacable del tiempo. Fue una decisión. Una decisión tomada en nombre
del progreso, en nombre del turismo.
Se nos dijo que era necesario, que ese espacio, con su
historia a cuestas, no generaba los suficientes beneficios. Que para atraer
visitantes, para mover la economía, para modernizar la ciudad, era mejor
derribar y construir algo nuevo, algo más atractivo.
Pero, ¿a qué costo? ¿A qué costo se construye ese supuesto
progreso? Cuando derribamos un edificio histórico, no solo tiramos abajo
ladrillos y cemento. Tiramos abajo capítulos de nuestra propia historia.
Borramos la memoria colectiva que nos da identidad, que nos ancla a quiénes
somos y de dónde venimos. Ese lugar, con sus imperfecciones, con su pasar del
tiempo, era un testigo silencioso de nuestra evolución. Era un diálogo abierto
con las generaciones que nos precedieron.
Y ahora, ¿Qué nos queda? Un lugar que, sí, quizás atraerá a
muchos turistas durante el verano, pero el resto del año es poco visitado, que
no tendrá el mismo valor e historia que lo que hemos perdido.
¿No deberíamos, como sociedad, aprender a valorar y a
integrar nuestro patrimonio histórico en lugar de sacrificarlo en el altar del
turismo masivo? Porque al final del día, una ciudad no se define solo por sus
hoteles o sus atracciones modernas. Se define por su memoria, por su carácter y
por las historias que sus edificios.

Comentarios
Publicar un comentario